Descubiertos en Alfambra restos fósiles de una nutria terrestre de hace 9 millones de años
La nueva nutria, procedente del yacimiento La Roma 2, ha recibido el nombre de Teruelictis y, a diferencia de las nutrias actuales, no sería capaz de bucear
El yacimiento mioceno de La Roma 2 tiene una antigüedad de unos 9 millones de años. Un equipo de paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel- Dinópolis y del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC trabajan en este lugar desde el año 2005. Durante las campañas de 2010 y 2011 se recuperó más de un centenar de huesos fósiles de un carnívoro desconocido hasta entonces, que ha resultado ser una nutria terrestre a la que el equipo de paleontólogos, liderado por el especialista en carnívoros Manuel Salesa, ha bautizado como Teruelictis riparius. Entre los restos recuperados se encuentran el cráneo, la mandíbula, varios huesos de las patas e incluso el báculo (el hueso que poseen en el pene muchos grupos de mamíferos y que ha permitido saber que los restos corresponden a un macho).
Lo más extraordinario de todo es que Teruelictis, a pesar de ser una nutria, no poseía ninguna adaptación para desplazarse por el agua y su esqueleto es más parecido al de otros mustélidos como las martas, que al de las nutrias actuales. Por ello los paleontólogos creen que Teruelictis viviría cerca de la orilla, alimentándose de crustáceos, insectos, etc., pero que carecería de las capacidades buceadoras de las nutrias actuales.
El trabajo aparece publicado en el número de octubre de la prestigiosa revista inglesa Zoological Journal of the Linnean Society y lo firman Manuel Salesa, Mauricio Antón, Gema Siliceo, María Dolores Pesquero, Jorge Morales y Luis Alcalá. Estos fósiles se expondrán temporalmente en la vitrina denominada «Museo Aragonés de Paleontología» de Dinópolis. Se trata de un espacio creado a principios de esta temporada para mostrar los resultados más recientes e impactantes de las investigaciones realizadas con los fósiles aragoneses.
El yacimiento La Roma 2 ha proporcionado desde su inicio un sinfín de nuevos hallazgos, entre ellos una nueva especie de équido, Hipparion laromae, o el hallazgo de miles de coprolitos (excrementos fósiles) de hienas que contenían restos de polen con los que se ha podido conocer la vegetación que existía entonces en la zona.